«La red del amor»

Nuestra historia de amor nació en la red, a través de internet. 

Allá por el año 2010, me adentré en el mundo de los blogs, y empecé a leer algunos, y a comentar en ellos. Detrás de la pantalla del ordenador, fui conociendo nuevas personas y descubriendo una nueva forma de expresión. 

Navegando de unos lugares virtuales a otros, un día acabé en los comentarios de una entrada de Blog, de un autora que lanzó a sus lectores una potente pregunta: ¿qué no les gusta a las mujeres de los hombres? Respondí compartiendo un video que encontré en YouTube que hablaba de ese mismo tema y que me había parecido interesante. 

La autora de otro blog distinto me pidió permiso para compartir ese mismo enlace. Le dije que ¡adelante!, que lo podía publicar en su blog, sin problema. Y allá que fue, y allá que fui. Ella compartió ese vídeo y yo me metí en su blog para curiosear.

En él, empecé a leer comentarios firmados con el nombre de Eva.  A raíz del famoso video, Eva comentó algo así como «Pues yo los prefiero limpitos»; una respuesta que generó bastante debate, y ajetreo detrás de los teclados. No sé muy bien qué comenté, lo que recuerdo es que Eva respondió a mi comentario diciéndome: «Efectivamente Juanjo, tú sí que me entiendes. ¿Quieres casarte conmigo

En aquel momento, ni ella ni yo nos podíamos imaginar que apenas unos años más tarde, estaríamos haciendo real su comentario casual, lleno de humor.

A partir de aquel momento, fuimos coincidiendo, escondidos detrás de nuestros comentarios públicos en blogs ajenos.

Recuerdo que, un día, en uno de aquello comentarios, le dije que tenía el «corazón roto». Y era verdad, físicamente por mi arritmia y sentimentalmente porque llevaba ya casi 10 años soltero, después de haber terminado con mi anterior relación.

En cuanto comenzamos a hablar de corazón, nuestro ritmo se aceleró. Pasamos de hablar de forma pública en los blogs de otras personas, a escribirnos en un chat privado, ella y yo solos. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que Eva era mucho más rápida que yo tecleando, entonces le propuse pasar de la palabra escrita a la palabra hablada. 

De viva voz, comenzamos a contarnos, con mucha confianza, nuestras vidas, nuestras experiencias y nuestros aprendizajes. Nos fuimos conociendo, así, sin más. Hablábamos de todo, sin habernos visto nunca, jamás.

¡Al tiempo, me llegó una factura de teléfono de 600€! Menos mal que tenía una tarifa plana contratada y todos los gastos de llamadas estaban incluidos en ella. 

Los 600€ de teléfono que nos separaban no eran un problema; pero los 600km que separan Valencia de Valladolid sí que empezaban a ser un problema. Después de nuestro primer «te quiero» por teléfono, acordamos encontrarnos físicamente, para conocernos más, si cabe.

Aquel encuentro físico fue el momento de validar y de reafirmar lo que ya se había creado entre nosotros. 

Estuvimos medio año yendo y viniendo, hasta que unimos nuestros caminos y comenzamos a compartir nuestro día a día, de forma más cercana y más comprometida. 

Aunque Eva ya me lo había pedido al inicio de conocernos, en 2011 le pedí matrimonio. Nos casamos y un tiempo después tuvimos a nuestra hija.

Sin duda, no buscábamos nada, pero nuestra puerta estaba entreabierta. Al empujarla con dulzura, le dimos paso al amor. Hoy, creo que el éxito de nuestra historia de amor es que ninguno de los dos lo andaba buscando.

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