La maternidad a través de la palabra

Antes de que nuestros hijos llegaran a este mundo, ya eran una palabra. Antes incluso de que tuvieran cuerpo y vida. 

Alicia, Pedro, Lucía, Juan, Paula, Luis, Marina, Alberto, Irene, Lucas…

Nuestro nombre es el título que lleva nuestra historia de vida, es el título de todas las experiencias vitales que vivimos en el pasado, que vivimos en el presente, y todas las que viviremos en el futuro.

Nuestro nombre es el primer regalo que nos dieron nuestros padres, y el primer obsequio que nosotros les entregamos a nuestros hijos.

Ellos, tú, yo, nosotros. Antes de ser, ya éramos palabras.

Con el paso del tiempo, descubrimos, crecemos, aprendemos de la realidad que nos rodea,  y lo hacemos, siempre, asociándola con palabras. 

Una a una, palabra a palabra, construimos nuestra propia narrativa. Nos forjamos una identidad narrativa, repleta de palabras que nos habitan.

Una mujer, cuando es madre, toma consciencia de cómo su identidad narrativa se transforma. De repente, una gran cantidad de nuevas palabras empiezan a formar parte de su historia, palabras como: cuidar, biberón, chupete, proteger, pañal, educar, mochila, zapatos, alimentar, libreta, abrigo, plato, dormir, responsabilidad, cama, mañana, ¡cuidado!…  

Una mujer, cuando es madre, se ve a sí misma transformada a través de sus palabras, de sus prioridades, de sus valores.

El camino de la maternidad comienza cuando una mujer se da cuenta de que la palabra «mamá» forma parte de su identidad narrativa, y por lo tanto, ya es una realidad.

Esta semana homenajeamos a todas las mujeres en las que habita la palabra «mamá». 

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